¿Cómo valorar el idealismo o los conceptos? En los que tiempos que corren, todo o casi todo tiene un doble estándar, al punto que, francamente, da miedo hacerse este tipo de preguntas. Tomemos por ejemplo lo acontecido en Irán luego de las elecciones de hace dos semanas, y las últimas nuevas que nos llegan de Honduras.
Por mi parte, yo con seguridad digo que me aterran ambas situaciones. Tanto las amañadas elecciones iraníes, como el coup d'etat hondureño, son atentados contra la democracia y las libertades individuales y colectivas. Para mí, ambos escenarios son condenables.
Pero veamos la actuación de Chávez y sus albinos bandoleros. Se rasgan las vestiduras frente a lo acontecido en Centroamérica, repatrian a los respectivos diplomáticos y cortan relaciones. Pero, ¡oh cosa increíble!, felicitan al gobierno iraní por su valentía y le emiten el respaldo incondicional de sus "hermanos bolivarianos". En el juego de la doble moral, no hay quien supere a los "revolucionarios" e "izquierdosos".
Si alguien habla de que los recursos de una sociedad se han de repartir en función de las capacidades y preparación de cada persona que la conforma, ponen el grito en el cielo y despotrican una verborrea llena de "equidad", "justicia social" y "solidaridad". Pero vaya a usted a pedirles que sacrifiquen algo por los pobres. Nada mejor para provocar un patatús a un comunista o socialista, que pedirle en el nombre sagrado de la igualdad, que venda su automóvil y con eso se haga un fondo de movilización para las personas que no tienen vehículo. Les recomiendo que prueben, es sumamente gracioso ver como sus rostros pasan por todas las tonalidades del verde y el azul. Por favor, si no quieren provocarle una embolia, asegúrenle que era una broma y a continuación griten a todo pulmón "Viva la revolución" o "Viva el Che".
Quiero dejar claro una cosa. Pienso que un fraude electoral es tan malo como una destitución presidencial por la vía de las armas. Pero el fraude me parece, por alguna razón, algo más ruin y bajo. El golpe de estado es una forma violenta de deposición de las autoridades, pero al menos es algo que se hace de frente. En mi valorización pesa sobremanera lo que oí de mi abuelita siempre: "mil veces prefiero un enemigo frontal, que un traidor solapado".
La hipocresía de los "socialistas" del nuevo siglo es, sin duda alguna, uno de los peligros mayores que deben afrontar nuestras sociedades latinoamericanas. Y se me viene a la memoria aquel panfleto que circulaba al finalizar las guerras de independencia: "Último día del despotismo, y primero de los mismo".
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