martes, 30 de junio de 2009

Hipocresía del siglo XXI

¿Cómo valorar el idealismo o los conceptos? En los que tiempos que corren, todo o casi todo tiene un doble estándar, al punto que, francamente, da miedo hacerse este tipo de preguntas. Tomemos por ejemplo lo acontecido en Irán luego de las elecciones de hace dos semanas, y las últimas nuevas que nos llegan de Honduras.

Por mi parte, yo con seguridad digo que me aterran ambas situaciones. Tanto las amañadas elecciones iraníes, como el coup d'etat hondureño, son atentados contra la democracia y las libertades individuales y colectivas. Para mí, ambos escenarios son condenables.

Pero veamos la actuación de Chávez y sus albinos bandoleros. Se rasgan las vestiduras frente a lo acontecido en Centroamérica, repatrian a los respectivos diplomáticos y cortan relaciones. Pero, ¡oh cosa increíble!, felicitan al gobierno iraní por su valentía y le emiten el respaldo incondicional de sus "hermanos bolivarianos". En el juego de la doble moral, no hay quien supere a los "revolucionarios" e "izquierdosos".

Si alguien habla de que los recursos de una sociedad se han de repartir en función de las capacidades y preparación de cada persona que la conforma, ponen el grito en el cielo y despotrican una verborrea llena de "equidad", "justicia social" y "solidaridad". Pero vaya a usted a pedirles que sacrifiquen algo por los pobres. Nada mejor para provocar un patatús a un comunista o socialista, que pedirle en el nombre sagrado de la igualdad, que venda su automóvil y con eso se haga un fondo de movilización para las personas que no tienen vehículo. Les recomiendo que prueben, es sumamente gracioso ver como sus rostros pasan por todas las tonalidades del verde y el azul. Por favor, si no quieren provocarle una embolia, asegúrenle que era una broma y a continuación griten a todo pulmón "Viva la revolución" o "Viva el Che".

Quiero dejar claro una cosa. Pienso que un fraude electoral es tan malo como una destitución presidencial por la vía de las armas. Pero el fraude me parece, por alguna razón, algo más ruin y bajo. El golpe de estado es una forma violenta de deposición de las autoridades, pero al menos es algo que se hace de frente. En mi valorización pesa sobremanera lo que oí de mi abuelita siempre: "mil veces prefiero un enemigo frontal, que un traidor solapado".

La hipocresía de los "socialistas" del nuevo siglo es, sin duda alguna, uno de los peligros mayores que deben afrontar nuestras sociedades latinoamericanas. Y se me viene a la memoria aquel panfleto que circulaba al finalizar las guerras de independencia: "Último día del despotismo, y primero de los mismo".

jueves, 18 de junio de 2009

Entre el Nepotismo y el Nebotismo

¡Cuán diferentes serían las cosas, si Jaime Nebot hubiese ganado las elecciones de hace trece años! En cambio, con Bucaram iniciamos la época más oscura de nuestro último paréntesis democrático. Inauguramos también el mediatismo político extremo, según el cual el presidente de turno no es popular por su sabiduría al frente del Estado, sino por cómo se maneja delante de las cámaras y por la cantidad y calidad de su exposición a las mismas. Muestra inequívoca de esto es, que Abdalá cayó luego de que se difundieron los videos de su famoso soliloquio -con cuy, gorra y perdones incluídos- en Perú, lo cual fue la gota que derramó el vaso de chicha sobre el plato de guatita.

La historia pseudo-democrática de nuestro país ha sido un verdadero circo desde entonces. ¿A quién elegimos luego de preferir un loco que ama, canta y baila por encima de un cachorro de León? Pues nada menos que a un ex-modelo de trajes de baño. Entre medio pasó un famoso bailarín. Y ¿quién derrocó al chico modelo de Harvard? Pues nada menos que... ¡Quico! El cachetón depuso la "monolítica" junta en favor de Gustavo Noboa, comediante frustrado y fiel seguidor de Chespirito, quien fue elevado al sitial de filósofo oficial de la corte. Mientras las cámaras buscaban afanosas otro chiste del mandatario, u otra anécdota chapulinesca, el hermano Ricardito cantaba maitines con el cura Flores, pero lo hacía muy calladito para no robar cuadro... ¿por qué conformarse con un cuadro, habiendo tanto más en las aduanas?

Con los Noboa Bejarano comienza la era de los "super ñaños", un exclusivo club de allegados al poder por segundo grado de consanguinidad, del cual son socios Ricardo, Gilmar y ahora Pierina y Fabricio. Todos ellos con el mismo perfil: antes de que sus respectivos hermanos ascendieran a la primera magistratura, vivían, como cualquier hijo de vecina, de su profesión o de lo que podían; luego de las elecciones, antes incluso de que sus hermanos asuman, cada uno de estos personajes inició su transformación, gracias a su calidad de influyente copartícipe del poder. Ya sea abierta o recatadamente, pronto se emparejaron sus nombres con cuantiosas fortunas, bienes raices en el extranjero, empresas florecientes, negocios boyantes, etc.

El dice-que-se-dice, los rumores, o las piedras que hacen sonar el río, hablan que al menos una decena de millones de dólares produjo el menor de los Noboa, y dos decenas Gilmar. El gobierno de Correa no ha terminado, así que mal podemos elucubrar sobre lo que su hermano "produzca" durante este tiempo de "corazones ardientes", pero creo que deberíamos cambiar lo de "manos limpias" por "chequeras gruesas", ya que sólo en los negocios petroleros hay en juego una centena de millones para el super ñaño de turno, y nada se ha dicho todavía de sus otros "business".

En fin, el Nepotismo es otro vicio político asumido por los "revolucionarios", que amasan fortunas aprovechando que la sangre tapa las heridas con el uso y abuso del poder. Mientras tanto el Nebotismo lleva a Guayaquil hacia el verdadero siglo XXI, una ciudad que se debatía entre el cieno y la basura cuando los Bucaram la regían. ¡Cómo te detesto Abdalá, que una vez hiciste votar por Borja y en otra venciste a Nebot!